11 de junio de 2009


Traigo el cabello rubio; de noche se me riza.
Beso la sed del agua, pinto el temblor del loto.
Guardo una cinta inútil y un abanico roto.
Encuentro ángeles sucios saliendo en la ceniza.

Cualquier música sube de pronto a mi garganta.
Soy casi una burguesa con un poco de suerte:
mirando para arriba el sol se me convierte
en una luz redonda y celestial que canta...

Uso la frente recta, color de leche pura,
y una esperanza grande, y un lápiz que me dura;
y tengo un novio triste, lejano como el mar.

En esta casa hay flores, y pájaros, y huevos,
y hasta una enciclopedia y dos vestidos nuevos;
y sin embargo, a veces... ¡qué ganas de llorar!

-Carilda Oliver Labra-

2 comentarios:

Adolfo Payés dijo...

Hola que gusto volver a leerte hacia mucho que no escribías..

y me encuentro con este poema.. excelente..

bravo
me gusta..

te dejo como siempre mis saludos fraternos con mucho cariño
un abrazo
besos..

PD:Espero que todo este bien.. encantado de verdad leerte de nuevo

cristinasiqueira dijo...

Que suave este poema.Belo!
Mui terno.


Com carinho,

Cris